Editoriales

PARA LOS UNIVERSITARIOS

Emmanuel Mounier, 1928:

“La único que vale es la inquietud divina de las almas insatisfechas. ¡Ay de los espíritus limitados, de las personas sentadas en las cátedras, de la personas satisfechas, de los inteligentes, de los u-n-i-v-e-r-s-i-t-a-r-i-o-s! (…) Lo que falta a las almas satisfechas de los profesores es la noción concreta de la miseria humana”.

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 ¿DESAFIOS? NO, GRACIAS

 Una de las palabras más usadas y a la moda hoy es “desafío”. Esto vale en todos los ámbitos, laicos o clericales. Su uso y abuso se hizo insoportable. “Danos hoy nuestro desafío cotidiano”: esta parece la oración de la modernidad. Se podrían hasta encontrar causas psicopatológicas (narcisistas) que puedan explicar la adoración de este término: alguien o algo, finalmente, considera mi presencia- normalmente desconocida en el universo-, se pone frente a mí y me “desafía”. A esta satisfacción, se suma también un suspiro de aparente plenitud pues, al fin, se tiene algo con que llenar los días. El uso de la palabra desafío es, en ese sentido, un termino “barroco” pues este es, para usar las palabras del poeta italiano Ungaretti, “el arte de encubrir la nada”.

Probablemente el uso exagerado de esta palabra se debe al desconocimiento de su significado. Etimológicamente,  desafío significa perdida de fe, desconfianza. El prefijo dis, en efecto, con su raíz griega niega la palabra latina fidus, en sus varias acepciones entre las cuales están: fe, confianza, seguridad. Desafío vendría, por lo tanto, a significar una desconfianza, un prejuicio frente a los datos de lo real. El filósofo francés Sartre expresaba este “desafío” para con la realidad cuando decía que “el infierno son los otros”. La realidad, modernamente, es vista como posible enemigo. De aquí que la relación con ella es la de una desconfianza llena de prejuicio y de una vida vivida a la defensiva de lo que puede acontecer. La libertad, entonces, es calificada como un espacio donde termina la libertad del otro y empieza la mía.

En este sentido, calificar una situación o un hecho como un “hermoso desafío” es una contradicción ridícula. En efecto, el desafío niega, a priori la posición de asombro que la realidad suscita en el hombre, en su razón, con su sola existencia.

En el fondo, la palabra “desafío” expresa una posición irracional, pues la razón es la apertura asombrada e incondicional frente al dato de la realidad, que es don. No es casualidad que el primer mentiroso e irracional desafiante fue el diablo que, como lo indica su etimología, significa quien se separa de la realidad.

Ya están lejos los tiempos en que San Francisco llamaba la realidad entera y hasta la muerte de “hermana”. Tal vez, lo que falta hoy es lo que indicaba san Agustín: “Todo es amigo para quien tiene un amigo”.

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UT SANI SINT IN FIDE

(para una fe cristiana sana)

I. San Pablo escribía en su carta a Tito: Increpa illos dure, ut sani sint in fide: “Increpa a los que desvirtúan la fe cristiana para que se conserven sanos en esta misma fe”. El teólogo Jean Mouroux comentaba así esta afirmación en 1939: “La fe cristiana incluye la salud mental”.

 II. La religiosidad humana puede sufrir patologías. Ya en 1958 Guardini hacía referencia a “formas patológicas de la conducta religiosa”, a una “patología de la idea de Dios”. En el año 2000, el entonces cardenal Ratzinger, hablaba de una “patología de las religiones que se vuelven una amenaza para las personas”; y, en 2006, en el discurso en Ratisbona, Benedicto XVI ha hablado de “patologías amenazadoras de las religiones y de la razón”.

 III. La misma patología que puede corromper la religiosidad humana, puede corromper la fe cristiana.

Por esto, lo que queremos decir, lo que hay que ver en todo lo que está aconteciendo en estos tiempos enla Iglesia, es que la desvirtuación y la desnaturalización de lo que es el Acontecimiento y la fe cristiana han llevado a una patología de la fe cristiana. Es decir,  esta patología se ha producido por lo que decía el Padre Hurtado cuando condenando “un cristianismo vacío de Cristo, vacío de Dios” afirmaba: “El cristianismo no es una doctrina abstracta, un conjunto de dogmas que creer, preceptos y mandamientos… ¡El cristianismo es Él!”.

Un cristianismo sano (el dela Tradición) atrae gente sana; un cristianismo enfermo, atrae gente enferma. Esto es lo que hay reconocer, pues es la raíz de todos los gravísimos problemas actuales. Mientras no se llegue a este punto, habrá siempre lo que Péguy definía como una “falta de diagnóstico” realista.

 IV. En esta situación no se puede sólo acusar al “mundo”, a los “paganos” de juzgar a los cristianos, pues los no creyentes reaccionan utilizando los mismos criterios con que se les ha presentado la “fe cristiana”. En efecto, la desvirtuación de la fe cristiana trae consigo algunas inevitables consecuencias, como si fueran boomerang que vuelven en su contra:

1. Si la cristiandad moderna ha pretendido reducir la fe cristiana a estériles e impotentes “espiritualismos, misticismos, teologismos” (Péguy), apartándose de la forma humana del Acontecimiento cristiano, no debe escandalizarse de que el “mundo” la ataque por caer en faltas “carnales”; en este sentido, tenía razón Blaise Pascal cuando decía: “Si el hombre quiere ser ángel, termina siendo una bestia”;

2. Si la cristiandad moderna ha reducido la fe cristiana a valores morales y a coherencia ética, los cristianos no deberían escandalizarse si el mundo los ataca por ser inmorales e incoherentes;

3. Si la cristiandad moderna ha identificado la “institución” eclesiástica como si fuera la fuente de la felicidad, revistiéndola además de un aura de santidad y de extraordinaria impecabilidad (es el clericalismo creado por los “curas clericales”, pero también por los mismos “laicos clericales”: Péguy), no debe escandalizarse de que el mundo le exija estas mismas categorías.

 V. Benedicto XVI ha recordado que todos los cristianos, en estas circunstancias actuales, deben hacer penitencia. Falta pedir las mismas lágrimas que derramaba el gran papa Pablo VI cuando, en 1978, al final de su vida, viendo la situación de la cristiandad moderna, lleno de dolor, se hacía la misma pregunta de Jesús: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Evangelio de Lucas 18, 8).

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¿CÓMO ENSEÑAR LA JUVENTUD CUANDO TODOS MIENTEN?

“Las crisis de la enseñanza son crisis de vida. Este es el caso de la sociedad moderna. ¿Cómo enseñar la infancia y la juventud cuando todos mienten? ¿Cómo enseñar cuando todos los grandes personajes mienten, cuando todo el mundo político miente, cuando los profesores -que deberían enseñar a no mentir- mienten, cuando el favoritismo y el exitismo invade al personal universitario?” (Charles Péguy, Pour la rentrée, 1904).

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EL CLERICALISMO, HEREJÍA DE LA AMISTAD CRISTIANA

Una de las tragedias que ha hecho nacer la modernidad hecha de barbarie, guerra y violencia, es la institucionalización de la Iglesiadespués del primer milenio cristiano. De este modo, se ha pretendido institucionalizar “el misterio y la acción de la gracia” (Péguy, Dialogo de la historia con el alma carnal), es decir, la libertad que ella tiene de acontecer “como, cuando, donde y en quien quiere” (San Ireneo, Adversus haereses, IV, 20.5).

Así también la amistad cristiana se ha corrompido perdiendo la precariedad llena de gracia que la constituye. Se ha pensado en los “amigos cristianos” como en una institución permanente, de la que se pretende una amistad continua, como si no dependiera de la gracia. Una institución hecha de sus capellanes privados idolatrados, divinizados, es decir, aislados de la historia cristiana de que nacen; en fin, curas al servicio de una aparente formalidad cristiana. El clericalismo, en el fondo, nace de los laicos cristianos que pretenden violentamente poner un sello de aparente cristianismo a su status quo burgués con una pretensión violenta.

Con esta institucionalización, se ha perdido la lección de san Agustín en su De civitate Dei para el cual los amigos cristianos, “los nuestros”, pueden perderse y salirse, mientras los “enemigos” del cristianismo en un instante, por gracia, pueden entrar en la amistad cristiana.

Péguy ha indicado en la pérdida de la precariedad cristiana el institucionalizarse de la amistad cristiana: “No son cristianos, quiero decir que no lo son hasta la médula. Continuamente pierden de vista la precariedad, que para el cristiano es la condición más profunda del hombre; pierden de vista esta profunda miseria, y no tienen presente que siempre hay que volver a comenzar. Es una precariedad eterna. Nada de lo adquirido es adquirido para siempre. Y es la condición misma del hombre. Y es la condición más profunda del cristiano. No hay nada más contrario al pensamiento cristiano que la idea de una adquisición eterna, la idea de una adquisición definitiva que no puede ponerse en tela de juicio” (Nota conjunta sobre Descartes y la filosofía cartesiana).

Al contrario, no se debe pretender nada de la gracia de la amistad cristiana como testimoniaba el pagano Camus: “Cuando joven, pedía a los seres más de lo que podían darme: una amistad continua, una emoción permanente. Sé pedirles ahora menos de lo que pueden darme: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan a mis ojos su entero valor de milagro: un entero efecto de la gracia” (Carnets, I)

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LA UNICA PERSPECTIVA REALISTA, ES DECIR, CRISTIANA

Papa Benedicto XVI ha escrito en su carta a los obispos del mundo entero (10 de marzo de 2009): “El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres”.

Esta es la única perspectiva realista para mirar lo que es el cristianismo en la modernidad. Sin reconocer esta realidad y esta perspectiva, los cristianos serían sólo unos “desequilibrados” (Péguy) pues el “partido de los devotos” (Péguy) continuaría hablando nostálgicamente de valores morales cristianos, de doctrinas e ideas cristianas, de relación fe-razón-cultura, de “bíblia y palabras de Dios”, de “escuelas y universidades católicas”, de “congresos católicos”, de teología y filosofía cristianas: es decir de cosas que no interesan a nadie pues todo, en la modernidad, es “perfectamente descristianizado”.

Asistimos a la total indiferencia del mundo moderno al cristianismo, como a algo que no interesa absolutamente: “Pero lo que no quieren reconocer [el partido de los devotos], es que este mundo, esta sociedad, lo moderno se ha formado por entero fuera del cristianismo. Porque ya no se trata de dificultades internas, sino, por el contrario, de algo completamente exterior y, en todo caso, no de dificultades exteriores que seguirían siendo relaciones, vínculos, ligaduras sino que, al contrario, es una ausencia completa de relaciones, vínculos, ligaduras, y también, en realidad, de dificultades; una independencia mutua y recíproca, una distancia y una separación particular” (Péguy, Diálogo de la historia con el alma carnal).

Reconocer esta descristianización es el único punto de partida para dejar finalmente espacio al “misterio y a la acción de la gracia” (Péguy) que, vista en la carne de la humanidad cambiada de algunos hombres que Cristo elige,  es la única capaz de atraer los hombres modernos.

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 YA NO ES TIEMPO DE ORGANIZAR “GRUPOS CRISTIANOS”

 “El dominio total no permite ninguna libertad de iniciativa en ningún sector, no puede admitir una actividad que no sea enteramente previsible”

(Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo).

 Este es el tiempo del renacimiento de la persona.

Es como si ya no se pudieran hacer cruzadas o movimientos organizados. Un movimiento nace por el renacimiento de la persona.

El cristiano, quien reconoce la presencia de Cristo en la sociedad en que vive, no tiene patria. Si el cristianismo fuera sostener dialécticamente los valores cristianos, sería aceptado dondequiera. Pero, el cristiano es el hombre que anuncia en la realidad humana la presencia permanente de Dios hecho hombre, objeto de experiencia: este hombre no tiene patria.

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ELECCIONES POLÍTICAS ACONTECIMIENTO CRISTIANO

“Después de la huida en Egipto, levantándose, José tomó al niño y a su madre, y se vino para tierra de Israel. Mas oyendo que Arquelao reinaba en la Judea, en lugar de Herodes su padre, temió de ir allá; y avisado en sueños, se retiró a las tierras de Galilea. Y vino a morar en una ciudad que se llama Nazaret” (Evangelio de san Mateo 2,21-23).

San José indica el criterio político de los cristianos: lo que le interesaba era poner a salvo el niño Jesús de la persecución de Arquéalo (sucedido a su padre Herodes enla Judea, al sur de Palestina) que, mezclando religión y política, mandó matar a cerca de tres mil judíos en ocasión de una pascua.

San José, con María y Jesús, se fue a vivir en Galilea (al norte de Palestina) donde reinaba Antipa, “el zorro” como lo llamó Jesús (Lc., 13,32), hombre de carácter indolente y apacible y, aunque inmoral (vivía con su cuñada Herodías), no tenía prejuicios religiosos. En efecto, dice el evangelio de san Lucas que, pasados ya los años, Antipa “desde largo tiempo deseaba ver a Cristo por las cosas que oía de él” (Lc. 23,8).

No nos interesan criterios políticos ideológicos. Christus est in causa, decía san Bernardo: la libertad de poder vivir el acontecimiento de Cristo enla Iglesia, es el tesoro que hay que custodiar.

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 DINERO VIRTUAL, CRISIS REAL

La crisis económica que vivimos es global porque es la crisis de una mentalidad impuesta a todos por el Poder en la modernidad.

Hay una orden a la que todos tienen que obedecer: “Hay que ser absolutamente modernos” (Rimbaud).

De este modo hay algunos factores globales que han triunfado:

 1. El triunfo de la mentalidad burguesa. Escribía Péguy: “El pueblo ya no existe. Hoy son todos burgueses. Lo que sobrevivió de la aristocracia antigua se volvió una burguesía mezquina, una burguesía del dinero. Y los operarios tienen una sola idea fija: volverse burgueses”.

 2. El triunfo del “dinero” como mentalidad: este es el verdadero “dueño de todos”, laicos y eclesiásticos, como hacía notar Péguy. Esto crea un “universo prostitucional” (Péguy) en que se compra y vende de todo. Rimbaud escribía: “Se vende lo que los judíos no han vendido. Se venden los cuerpos sin precio, ajenos a cualquier raza, a todo el mundo, a todo sexo de cualquier descendencia. Se venden las anarquías para la masa”.

 3. El triunfo de la realidad virtual: esta crisis es financiera, es decir, prevaleció el dinero y la economía virtual sobre la realidad. Escribía Rimbaud profetizando el triunfo financiero: “Se venden las aplicaciones de cálculo” (el calculo de las consecuencias de un fondo mutuo, etc.).

 4. El triunfo de la utopía de la fácil vida virtual, es decir, financiera, sobre el trabajo real, de todos los días, con el sudor de la frente: en pocas horas, a través de especulaciones financieras, se gana lo que antiguamente un campesino ganaba en un año. Escribía Rimbaud en su poesía Liquidaciones: “Se venden los hallazgos y los términos insospechados, posesión inmediata”: lo que debería ser fruto de una larga espera trabajada, ahora, con las tarjetas de crédito, es posible inmediatamente.

 5. Los bancos son los nuevos “templos” donde con rituales mágicos se compra  las rentas fijas de felicidad virtual. Escribía Ezra Pound: “Usura mata al niño en el útero. No deja que el joven corteje. Ha llevado la sequedad hasta la cama y yace entre la joven novia y su marido. Contra naturam. Con usura no se ve el hombre. (…) El picapedrero es apartado de la piedra, el tejedor es apartado del telar. Con usura no llega lana al mercado. No vale nada la oveja con usura. Usura es un parásito mella la aguja en manos de la doncella y paraliza el talento del que hila” (Con usura). Los bancos son la perfecta encarnación de una sociedad descrita por Rimbaud como la “vampiresa dictatorial”.

 PD. No nos engañemos: el televisor o computador o 4X4 que tenemos en las casas no son nuestros, pues nunca salieron de las tiendas comerciales ni de los bancos: son de ellos, son a crédito.

DOS SUGERENCIAS PARA ESTOS TIEMPOS

1. “En cuanto a la felicidad establecida, domestica, no, no puedo con ella” (Rimbaud).

2. “Sacerdotes, profesores, maestros, os engañáis entregándome a la justicia. Nunca he pertenecido a este pueblo. Nunca fui cristiano. Soy de la raza de los que cantan en el tormento. No comprendo las leyes, no tengo sentido moral, soy un bruto, os equivocáis. Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz [a la luz artificial]. Soy una bestia, un negro. Pero puedo ser salvado” (Rimbaud, Una temporada al infierno).

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 LA LIBERTAD DE LA GRACIA

 Hay una parábola en el Evangelio (Mt. 20, 1-16) que habla del propietario de una viña que sale a contratar operarios a distintas horas del día y, llegado el atardecer, paga con un denario los que habían trabajado sólo una hora, despertando así la envidia de los otros que reciben un denario a pesar de que habían trabajado todo el día. Bruce Marschall, un escritor escocés convertido al catolicismo, en su bello libro de 1949, “A cada uno un denario” hace decir al protagonista, padre Gastón: “El cristianismo es insólito: este es su mayor inconveniente”. Lo que significa que Cristo da su gracia donde, como, cuando y a quien quiere: esta es la libertad de la gracia de Dios. Jesús termina esta parábola diciendo: “Los primeros serán los últimos, y los últimos primeros”. En este sentido, en 1990, el entonces cardenal Ratzinger habló sobre los cristianos que por trabajar tanto parala Iglesia pueden suponer ser “los primeros”: “No caigamos en la tentación de pensar de que somos nosotros los que ‘hacemos’la Iglesia y que ella surge a través de discusiones, acuerdos y decisiones. Está muy difundida hoy día, incluso en la cristiandad, la idea de que una persona es tanto más cristiana cuanto más está comprometida en la actividad eclesial. Se impulsa hacia una especie de terapia eclesiástica de la actividad, del hacer: se trata de asignar a cada uno un comité, o, por lo menos un compromiso en el interior de la Iglesia. Así se piensa, que debe existir una actividad eclesial, que se debe hacer algo por la Iglesia o en ella. Pero un espejo que se refleja a sí mismo deja de ser un espejo. Puede suceder que alguien se dedique ininterrumpidamente a actividades asociativas eclesiales y ni siquiera sea cristiano. Puede suceder que alguien viva de la Gracia y del Sacramento sin haber integrado jamás un comité eclesiástico y sea un cristiano auténtico. No tenemos necesidad de una Iglesia más humana, sino de una Iglesia más divina; sólo entonces ella será verdaderamente humana”.

Esta “pre-ocupación cristianista” para “convertir el mundo al cristianismo (es decir, a sus valores) se puede considerar a pleno título como un fenómeno gnóstico, pues pretende adelantarse al misterio y a la acción de la gracia, actitud que el padre Hurtado describía como “un correr más que Dios (…) querer ir más rápido que Dios”; es decir, los activistas son ocupados de antemano por sus invenciones “cristianistas”, pretenden adelantarse a la acción de la gracia. El padre Hurtado describe estos cristianos como “preocupados de seguir más un método que al Espíritu Santo”, como unos “sectarios” que se “creen indispensables a Dios”, que quieren “preferirse ala Iglesia, estimarse más que la obra que hay que realizar, o buscarse en la acción”: “Hay entre nosotros activos y más que activos, más aún, agitados, pero las causas que nos consumen no son las del cristianismo”. Lucidísima crónica de los modernos cristianos “agitados”.

Dejamos, por lo tanto, como enseña la parábola, a la gracia de Dios la liberalidad de alcanzar a los que ella quiere y en la medida en que quiere.

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 EL TESORO DE LA FE

San Pedro, el primer Papa, y san Pablo, unidos en la misión en Roma, murieron mártires en el año 67, entregados por la envidia de unos cristianos, como escribe san Clemente. Ya lo había dicho el salmo: “Soy  un extraño para mis hermanos”; y Cristo advertía: “Los enemigos del hombre están en su misma casa” (Mt. 10,36).

San Pablo, en sus cartas, ha identificado muchas veces el tesoro de la Iglesiaen la gracia de la fe y ha escritoque los cristianos deben ser vigilantes frente a los que quieren desvirtuar la realidad del acontecimiento cristiano reduciéndolo a doctrinas o a valores morales (reducciones fatales también para todos los hombres que esperan el encuentro con Cristo). A los “insensatos” cristianos de Galacia escribe: “Me maravillo (…) que paséis tan pronto a otro evangelio; algunos quieren deformar el evangelio de Cristo” (Gal. 1,6-7). En este sentido, es significativo recordar que, el 30 de junio de 1968, hace cuarenta años, el gran papa Pablo VI, proclamó solemnemente el “Credo del pueblo de Dios” manifestando una vez más la función que tiene el magisterio de la Iglesia, la de “conservar el buen deposito de la fe” (II Tim 1,14), pues como decía san Pablo “los hombres no soportan la doctrina sana por el prurito de oír novedades volviéndose a las fábulas” (II Tim. 43-4). En 1977, Pablo VI constataba con dolor: “Enla Iglesia hay un gran turbamiento: y lo que está en cuestión es la fe. Lo que me impresiona, cuando considero el mundo católico, es  que a su interior parece predominar un pensamiento de tipo no católico”. Para quien vive por gracia del tesoro de la fe, estas palabras son proféticamente actuales.

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NO A LA TEOLOGIZACION DE LA POLÍTICA

El cardenal Ratzinger, prefecto de la “Congregación por la doctrina de la fe”, en el congreso “El compromiso de los católicos en la vida política” que se ha realizado en Roma años atrás, ha hecho una intervención que merece ser retomada por sus aspectos muy actuales.

Ha afirmado, ante todo, que la posición descrita en el reciente documento pontificio sobre el compromiso de los políticos católicos, reconoce que “la política pertenece al ámbito de la razón que es común a todos, la razón natural. La política, por eso, es un trabajo que implica el uso de la razón y que debe ser gobernada por las virtudes naturales, tan bien descritas por la antigüedad griega, las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la templanza, la justicia, la fortaleza.”

Esta convicción de que el ámbito de la política es el ámbito de la razón común, excluye dos posturas. La primera es la idea de teocracia, es decir, de una política determinada por el dictado de la fe. Esto quiere decir la exclusión de “la teologización de la política, lo que se volvería ideologización de la fe. La política, en efecto, no se deduce de la fe, sino de la razón, y la distinción entre el ámbito de la política y el ámbito de la fe pertenece propiamente a la tradición central del cristianismo; la encontramos en la palabra  de Cristo: “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Entendido en este modo, el Estado es un Estado laico, profano, en el sentido positivo. Me vienen a la mente las bellas palabras de san Bernardo de Claravalle al Papa de aquel entonces: No pienses ser el sucesor de Constantino; no eres el sucesor de Constantino, sino de Pedro. Tu libro fundamental no es el Código de Justiniano, sinola Sagrada Escritura”.

Esta afirmación del cardenal Ratzinger recuerda la actualísima (y olvidada) frase de papa Pío XII en el mensaje de Navidad de 1951: “Hombres políticos, y hasta hombres dela Iglesiaque pretendan hacer dela Esposade Cristo su aliada o instrumento de sus arreglos políticos nacionales e internacionales, dañarían la esencia misma dela Iglesia, la rebajarían al plano en que se discuten conflictos de intereses materiales. Y eso es verdadero aún si sucede por finalidades e intereses en sí legítimos”. En este sentido, los hombres dela Iglesianecesitarían de un sano anticlericalismo, que me parece maravillosamente expresado por san Agustín cuando dice, con una distinción realista e irónica: “Dios da el poder a quien quiere; pero la gracia a sus elegidos”.

Este justo carácter profano y laico de la política excluye, según Ratzinger, no sólo la idea de una teocracia, sino que excluye también “el positivismo y empirismo por ser una mutilación de la razón. Según esta posición, la razón sería capaz de percibir sólo las cosas materiales, empíricas, verificables y falsificables con métodos empíricos. En este sentido, la razón sería ciega para lo que concierne a valores morales y no podría juzgarlos pues quedarían en el ámbito de la subjetividad, y no de la objetividad de una razón limitada a lo verificable, a lo empírico y positivista. Esta mutilación de la razón destruye la política, la reduce a una acción puramente técnica, que seguiría simplemente las corrientes más fuertes del momento, sometiéndose así a lo transitorio y, por eso, a un dictamen irracional”.

Sintetizando la posición del documento pontificio dedicado a los políticos católicos, Ratzinger afirma: “Por un lado excluimos una concepción teocrática e insistimos en la racionalidad de la política; y, por otro lado, excluimos también un positivismo por el cual la razón sería ciega para con los valores morales. Estamos convencidos que la razón tiene la capacidad  de conocer los grandes imperativos morales, los grandes valores que deben determinar todas las decisiones concretas”.

A esta altura el cardenal Ratzinger indica la posible relación entre la fe y la política: “La fe puede iluminar la razón, puede sanar, curar una razón enferma. Este influjo de la fe no transfiere la esfera política de la razón a la fe, sino que restituye la razón a sí misma, ayuda a la razón a ser sí misma, sin alienarla”. En este sentido las indicaciones de la “Nota a los políticos católicos” respeto de los valores que se deben defender “no quieren ser una intromisión en la política por parte de la jerarquía. Quieren ser una necesaria ayuda a la razón, de modo que -sobretodo los políticos creyentes- puedan en la discusión política ayudar a una evidencia común y, de este modo, a una presencia real y concreta de los valores que deben gobernar a cada uno en la política”.

La actualidad de esta intervención del cardenal Ratzinger nos parece consista en una defensa apasionada de la razón humana y de la fe. Hace recordar las palabras de Chesterton, cuando afirmaba que vendrá el tiempo en que la razón y su uso razonable será sólo defendida porla Iglesia. Porel bien de la razón y  de la fe, es decir, de felicidad del hombre.

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 EL METODO DE DIOS

¿Cuál es el método con que Dios se revela a los hombres? En el libro de los Reyes (I libro de los Reyes 19 9-13), Dios, al profeta Elías, no se manifiesta en el viento huracanado, en el terremoto, en el fuego, es decir, en eventos extraordinarios, sino que en una brisa suave, en un susurro. Este es el método con que Dios se manifiesta: se hizo carne en el seno de una joven de quince años, María, en una aldea desconocida de Galilea y, después, entrando públicamente en el mundo, Cristo se revela a los hombres a través de encuentros discretísimos, con Juan y Andrés, con Pedro y los demás apóstoles que El encuentra y atrae a sí porque corresponde a la exigencia de felicidad de su razón. Normalmente, en la vida, hay encuentros que con el pasar del tiempo no mantienen la promesa de felicidad que hacen vislumbrar al inicio: baste observar lo que se verifica a menudo en la experiencia del enamoramiento, o con los amigos del colegio o de la universidad. Al contrario, el encuentro con Cristo, discretísimo en su inicio, con el tiempo crece, pues confirma de forma siempre nueva y mayor el atractivo inicial. Justamente por esto, en la Iglesia, existe el sacramento de la Confirmación: el encuentro con Cristo, con el tiempo, dejándose atraer por El, confirma la promesa de felicidad suscitada en el inicio. Así aconteció a los apóstoles: mirando a Cristo, llenos de asombro, se confirmaba la fascinación inicial. Así para Pedro fue simple y razonable, como dice el Evangelio de este domingo (Mateo 14,22-33), caminar sobre las agua siguiendo la invitación de Jesús. Es por esta “gracia no merecida” (San Agustín) que el cristiano siente, como san Pablo escribe en la Carta a los Romanos (9,1-5), una gran pena y dolor por los que no conocen a Cristo, lo que representa el testimonio más bello – lejos de cualquier batalla dialéctica – de la pasión del cristiano por la felicidad de todos los hombres.

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¿La GRACIA o la ORGANIZACIÓN?

“Transhumanar no se puede explicar con palabras” (Dante, Paraíso I, 70): “Transhumanar” para Dante es la vida nueva que dona la gracia.

“Hoy hay sólo reglas para el uso, ya no hay milagros”

(Kafka)

“¿La contemporaneidad temporal del transhumanar no es el organizar?”

(P.P. Pasolini, Transhumanr y organizar, 1969)

 “Oh, desdichada y pobre generación calvinista / como en los origines de la burguesía / muchachilmente pragmática, puerilmente activa / tú buscaste la salvación en la organización / (que no puede producir sino más organización). / (…) Oh, muchachos desdichados, que visteis al alcance de la mano / una maravillosa victoria que no existía”.

(P.P. Pasolini, La poesía de la tradición)

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 LEJOS DE UNA FE SATISFECHA

“La fe no es simplemente la adhesión a un sistema en sí completo de dogmas que apagaría la sed de Dios presente en el alma humana. Al contrario (…) el descubrimiento del rostro de Dios que es Cristo no se agota nunca. Más penetremos en el esplendor del amor divino, más es hermoso proseguir en la búsqueda de modo que amore crescente inquisitio crescat inventi – “en la medida en que crece el amor, más crece la búsqueda de Quien ha sido encontrado” (San Agustín, Enarr. in Ps. 104,3). Es esta la experiencia a la cual nosotros aspiramos desde el profundo de nuestro corazón” (Papa Benedicto XVI, Angelus 28 de agosto 2005).

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 BICENTENARIO DE CHILE

1. La ocasión del Bicentenario es una ocasión parala Iglesiade reconocer una vez más su identidad y de testimoniar su aporte para el reencuentro con el “alma de Chile”.

El “alma de Chile” está históricamente muy vinculada a la presencia y misión dela Iglesiabien antes de 1810.

Varias fueron las formas de esta presencia en el curso de la historia chilena. Condicionadas por la inevitabilidad del factor humano presente enla Iglesiano siempre los métodos de su presencia fueron adecuados a su identidad antes y después de 1810.

Es necesario reconocer los errores y valorar los factores eclesiales positivos que contribuyeron a la formación del “alma de Chile” en particular después de 1810.

2. En especial, en el periodo después de 1810, hay que reconocer que generalmente los errores consistieron en una acentuación y en el prevalecer de una mentalidad ideológica con quela Iglesia  en Chile se ha hecho presente en el ámbito de la vida socio-cultural-histórica chilena.

Esta metodología ha llevado a una confrontación dialéctica con el poder político y cultural que no siempre ha ayudado la misión dela Iglesiay su presencia en la sociedad chilena.

Esta metodología dialéctica ha llevado ala Iglesiaa una reducción de su identidad haciendo coincidir su identidad y presencia con: 1. la acentuación desproporcionada de aspectos valoricos morales; 2. la reducción del hecho cristiano a la presentación dialécticas de las verdades de fe y de moral en contraposición con el ambiente histórico sociocultural.

Estas reducciones han llevado a: 1. la politicización de la fe cristiana: la identidad y presencia dela Iglesiase identifica con el sostener los valores determinados por un ámbito político; y2. ala teologización de la política: en hacer coincidir el hecho cristiano con la planificación de una estrategia de cristianización de la sociedad chilena.

3. En este sentido para la Iglesiachilena hay que volver a la lección de la tradición cristiana que afirma (en especial con san Agustín) que la civitas Dei, la ciudad de Dios es creada por la gracia cristiana de modo imprevisto, gratuito y  no dialéctico con la “ciudad de los hombres”.

La Iglesiaes la continuidad de la presencia de Cristo en la historia, la continuidad del método cristiano que consiste en el encuentro de los hombres con Cristo, encuentro lleno de asombro por la excepcional correspondencia con las exigencias del corazón humano. El encuentro cristiano no es dialéctico, no está en contra de nadie: es una gracia no debida, no-merecida.

Por esta razón, en virtud de esta experiencia de gracia, está lejos dela Iglesiaya sea una interpretación de sí misma en un sentido idealista -como si ella fuera la comunidad ideal de los hombres buenos y religiosos-, ya sea una interpretación teocrática, como si la “ciudad de Dios” fuera un modelo que hay que imponer a la convivencia humana. Justamente porque sabe que este atractivo que genera la ciudad de Dios es una gracia no debida,la Iglesiano pretende imponerse a nadie dialécticamente. Entoncesla Iglesiaen la historia quiere sólo ser el testimonio del asombro generado en los cristianos por el atractivo de la gracia que corresponde a las exigencias del corazón humano. Este asombro no es dialéctico, no está en contra de nadie, es decir, no es ideológico.

Por esta razón, en virtud de esta experiencia de gracia, está lejos dela Iglesiaya sea una interpretación de sí misma en un sentido idealista -como si ella fuera la comunidad ideal de los hombres buenos y religiosos-, ya sea una interpretación teocrática, como si la “ciudad de Dios” fuera un modelo que hay que imponer a la convivencia humana. Justamente porque sabe que este atractivo que genera la ciudad de Dios es una gracia no debida,la Iglesiano pretende imponerse a nadie dialécticamente.

La Iglesiaen la historia quiere sólo ser el testimonio del asombro generado en los cristianos por el atractivo de la gracia que corresponde a las exigencias del corazón humano. Este asombro no es dialéctico, no está en contra de nadie, es decir, no es ideológico.

La misión de la Iglesiaen la sociedad chilena desea  la paz y la felicidad deseadas por todos los hombres; las dos ciudades, la de Dios y del mundo, no solo viven juntas en este mundo, “sino que disfrutan de los mismos bienes temporales y padecen los mismos males temporales” (San Agustín, De civitate Dei, XVIII, 54,2). La ciudad terrena y la ciudad de Dios (que es creada, ya en esta tierra como prenda, por el atractivo cristiano) tienen necesidad de la paz social. Por esto, los cristianos “no dudan en obedecer a las leyes de la ciudad terrena” (ibídem, XIX,17). La ciudad de Dios que esla Iglesia “se sirve también de la paz terrena y desea -hasta donde lo permite la piedad y la religión- el entendimiento de las voluntades humanas en el campo de las realidades transitorias de esta vida” (ibídem).

El Concilio Vaticano II afirma que “el principio fundamental de la relación de la Iglesiacon los poderes públicos y toda la organización civil, es la libertad de la Iglesia” (Declaración Dignitatis humanae, 13).La Iglesia desea y quiere la paz en la convivencia civil pues ésta garantiza la posibilidad de libertad para que la propia Iglesia pueda testimoniar a todos los hombres la gracia del asombro cristiano; de esta forma, ala Iglesia son dadas las condiciones sociales para introducir en el mundo la posibilidad de un estupor gratuito, y por eso no dialéctico, un factor de gratuidad, irreductible a cualquier dialéctica.La Iglesia quiere sólo tener la posibilidad de ofrecer al mundo la certeza -recibida por gracia- del encuentro que hace feliz el corazón del hombre.

En este sentido las figuras de santa Teresita de los Andes y del próximo santo chileno, el beato Padre Hurtado, son una indicación segura del método cristiano integral, lejos de cualquier reducción ideológica de la identidad y de la presencia dela Iglesiaen la sociedad chilena, para un real reencuentro con el “alma de Chile”.

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 LOS PERIODISTAS NO PUEDEN LLORIQUEAR…

“El juego normal de los periodistas es el de reunir todas las libertades, todas las rebeldías, todas las autoridades (a menudo contradictorias) en contra  de las autoridades oficiales. “Nosotros, simples ciudadanos”, repiten continuamente. Ellos quieren acumular todos los privilegios de la autoridad con los derechos de la libertad. Sin embargo, el verdadero amante de la libertad sabe identificar la autoridad por dondequiera ella se impone con dureza; y en ninguna parte, la autoridad es tan peligrosa como cuando ella asume los aspectos de la libertad. El verdadero hombre libre sabe que hay un gobierno de los diarios (…). Un periodista que se siente cómodo en los ministerios y que toma como pretexto al simple ciudadano es insoportable. Cuando, de hecho, un periodista en su ámbito ejerce un gobierno, cuando tiene un ejercito de lectores fieles, cuando arrastra sus lectores con vehemencia y audacia (medios militares), con el talento (medio vulgar), con la mentira (medio político), cuando un periodista se ha vuelto un poder del Estado, cuando él tiene sus lectores de la misma forma que un diputado tiene sus electores, cuando un periodista tiene su circunscripción “lectoral”, que muchas veces es mucho más amplia y sólida, no puede hacer el doble juego, no puede lloriquear. En la gran batalla de los poderes de este mundo, no puede dar golpes terribles en nombre de su fuerza y cuando las fuerzas contrarias le restituyen los golpes, en aquel momento no puede pretender ser un simple ciudadano. Quien renuncia a la razón para la ofensiva, no puede apelar a la razón para la defensiva. Hay en esto una insoportable deslealtad, y un doble juego” (Charles Péguy, La razón, 1901).

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 LA FE ES INTELIGENTE

La razón (es decir, la inteligencia) no es ni laica ni católica: es la razón. Y, como decía Péguy, la razón es la verificación de lo que corresponde o no corresponde a sus exigencias (La raison, 1901).

A menudo, se escucha decir que cuando uno empieza a usar la inteligencia, debe abandonar la fe. Pero, esto es como decir que para usar el paraguas tengo que ir por las calles sin ropa.

En efecto, la razón usa muchos métodos para conocer la realidad: el matemático (si tengo tres amigos y debo comprar dos cervezas para cada uno compraré seis); si debo saber si el agua que bebo es potable, la llevo al laboratorio usando un método científico; si digo: “Las gallinas tienen dos patas”; “Pedro tiene dos patas”; luego, “Pedro es una gallina”, usaré un método lógico.

La fe, simplemente, es un método que la razón usa para conocer indirectamente la realidad a través de un testigo confiable (por la convivencia con él y por los indicios que me ha dado en nuestros años de amistad). Si no he podido ir a ver un partido de fubtol y encuentro un gran amigo mío en la calle que me dice que está llegando del estadio y me anuncia triunfante la victoria de su equipo, es razonable creerle aunque yo no haya visto el partido directamente. Mi amigo es, para mí, el testigo confiable de algo que no veo. Pero, mi amigo lo veo, lo conozco, lo vi durante muchos años, todos los días. En fin, hay que ver (al testigo) para creer.

Como se ve estamos bien lejos de ser irracionales. Para usar bien la razón normalmente usamos el método de la fe que es el método más amplio. Si empezáramos a dudar que América ha sido descubierta en 1492 como nos dice nuestro profesor de historia, tendríamos que averiguar, estudiar los documentos, en fin, pasar la vida entera para tener la certeza que América fue descubierta en aquel año.

La fe cristiana es la misma cosa: encuentro un testigo confiable que con su vida (aunque llena de miserias) me testimonia que Cristo es su felicidad. ¿Por qué no creerle y seguirlo? Recordamos que Chesterton, un gran escritor católico inglés convertido del ateismo, decía: “La Iglesianos pide que cuando entramos en una capilla nos sacamos el sombrero, no la cabeza”. Los descabezados no entran en paraíso.

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LA POLÍTICA Y LA ESPERA

“Yo creo que el punto central del cristianismo es la encarnación. Yo veo respeto de la historia contemporánea un abismo entre la posibilidad y la realización; yo puedo aceptar la tesis según la cual la paz en la tierra es lo que corresponde a la razón y por eso se puede hacer, en el sentido que nada impide que se haga. Pero, de aquí a decir la razón habiendo verificado esta posibilidad tenga la facultad de construir la paz en la tierra, eso será verdadero, pero es un paso ulterior. La solución es otra cosa… Una vez que hemos agotados todas las posibilidades, hay que disponerse a la posible venida de Cristo, y estar dispuestos a acogerla. Hay un actitud religiosa, de invocación, espera y preparación a la posibilidad esta intervención; para mí esta se vuelve una cuestión política, no en el sentido que se puede programar, pues en política estas cosas no se pueden programar, sino que en le sentido que quien hace política pues quiere la paz, se debe poner en esta actitud. Una disponibilidad a lo que nosotros, los cristianos, podríamos llamar una segunda venida de Cristo, que no puede ser una cuestión de religiosidad individual.”

De: Claudio Napoleoni, Busquen todavía, 1988. Napoleoni fue el más famosos economista dela Izquierda italiana, convertido al catolicismo poco antes de morir.

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